AMIGOS SON LOS AMIGOS Es menor que yo algunos años. Lo que no recuerdo es en qué circunstancia lo conocí. Lo que sí que, cuando se casó, yo fui el testigo de boda; yo y el capataz de la estancia en el pueblo de Las Flores. A decir verdad, a los padres de él no les gustó para nada ese casamiento. Pensaban que ella no le convenía, porque era mayor para empezar. A ella no le gustaban las historias que escribíamos juntos. Cuando las leíamos en voz alta, decía que eran una sarta de pavadas. Pero nosotros nos reíamos tanto que, por momentos, no podíamos seguir trabajando. Ella se asomaba al escritorio y nos preguntaba si éramos un par de idiotas. Para molestarnos, ponía discos en el fonógrafo. Enseguida comprendimos que había algunos que no nos dejaba inspirar, como los de Debussy o Wag...